9 dic. 2014

Año 1.000, la explosión del arte cristiano

En los albores del años mil, la fragmentación del poder, las grandes invasiones, la ruina de ciudades, pueblos y santuarios, y el abandono de las tierras cultivadas aún perduraban en la conciencia colectiva. Sin embargo, el nuevo milenio se anunciaba bajo el signo de la redención y la diversidad cultural.

Comentarios al apocalipsis, Beato
de Liébana (siglo IX)
Desde el siglo VIII y durante el siguiente, los comportamientos religiosos al pecado y al mal, del terror a la condena y la amenaza del castigo divino. Las numerosas epidemias, hambrunas e invasiones eran percibidas como un anticipo del Apocalipsis. Este era anunciado periódicamente por falsos profetas, cuyos mensajes se simbolizaron con bestias monstruosas en las imágenes de Beato.

Al terminar el siglo, a pesar de que el temor al fin del mundo (que volvería a parecer en el siglo XIV) se mantenía latente, ya no se encontraba específicamente asociado al nuevo milenio, el cual, por otra parte, pocas personas sabían fechar con exactitud. Por el contrario, el inicio del siglo XI ofrecía terreno privilegiado para el desarrollo de reacciones positivas y pluralistas, que tomaron diferentes orientaciones en el campo de la cultura y del arte.

Los nuevos poderes
El año mil se inició con la renovación del Imperio romano de Occidente, el imperium mundi cristiano. Se establecieron estados relativamente sólidos en Inglaterra, España y Polonia. En Italia nacieron las primeras ciudades-república: Venecia y Pisa. El reino de Francia, bajo régimen feudal, demostró su durabilidad, e inició un renacimiento demográfico y cultural.

La iglesia ocupaba un lugar preponderante y decisivo en el seno de las élites. Su poder era tal, que sus representantes rivalizaban en influencia y riqueza con los señores. El calendario eclesiástico imponía su propio ritmo a la vida social y, para le rey, la unión de la coronación investía al poder temporal con el carisma espiritual. Cuando la monarquía no estaba en condiciones de garantizar la paz, los obispos declaraban las "instituciones de paz". En este sentido, la excomunión, que amenazaba a los infractores del orden público, equivalía a ser expulsado de la sociedad.

Cripta de la iglesia de San Benigno, Dijon (siglo XI)
De forma paralela, las organizaciones monásticas dominaban el mundo laico. Las vocaciones monacales, las sepulturas en los presbiterios de las iglesias abaciales y las donaciones de tierras y dinero se multiplicaron.

El modelado del tiempo urbano
La repercusión de las invasiones en la vida y la estructura de las ciudades fue nefasta. Los centros urbanos, de superficie reducida, se limitaban a una actividad artesanal local sin pretensiones comerciales. No obstante, paulatinamente, las funciones económicas retomaron impulso y en las vías navegables se construyeron numerosos puertos que se transformaron en centro comerciales. Los monasterios suburbanos y los lugares de peregrinación se fueron rodeando de pequeñas aglomeraciones, que se vieron favorecidas por la afluencia de fieles. Para recibirlos adecuadamente se necesitaban infraestructuras comerciales. Las nuevas ciudades empezaron a perfilarse y no tardaron en unirse mediante una red de caminos trazada principalmente para responder a los nuevos requerimientos económicos.

Abadía de Sant Miquel de Cuixa, 975 - comienzos del siglo XI
Los tiempos de la cultura y el arte
En el siglo del año mil, el renacimiento carolingio pertenecía ya al pasado. Sin embargo, subsistían algunas escuelas que se aseguraban la transmisión de lo esencial de la cultura. Se mantuvo la copia y la decoración de libros litúrgicos y, en algunos centros monásticos, como Cluny o Saint-Germain-des-Prés, existía una verdadera aura intelectual.

Claustro del monasterio de Silos, Burgos (siglo VII - XVIII)
La arquitectura mostraba una gran diversidad. Entre Poitou y Borgoña, la Baja Auvernia y Champagne, los presbiterios de las iglesias se adaptaron a las nuevas necesidades litúrgicas y votivas. Se experimentó con los soportes y las bóvedas. La piedra, labrada con herramientas más alboradas, incitaba a la escultura monumental, que, sin embargo, mantuvo un ritmo evolutivo bastante lento. Sobre el conjunto de estos desarrollos artísticos se fundó el primer arte románico. El arte se inspiró al mismo tiempo en modelos carolingios (y a través de estos en elementos paleocristianos o bizantinos), en corrientes orientales (como el arte islámico, especialmente en España) y en reminiscencias ancestrales (como las formas celtas).

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