27 ene. 2013

Caracalla, el sanguinario.


Caracalla fue uno de los emperadores romanos más sanguinarios, pese a que solo reinó seis años, del 211 al 217. Sus atrocidades fueron cansando al pueblo, hasta el punto de colmar la paciencia de su propia guardia, que finalmente acabó con su vida.

Busto de Caracalla
De pequeño se dice que gozaba de carácter amable, afable, honorable, educado y responsable, siendo siempre el ojo derecho de su padre. Hasta tal punto que a los diez años su padre le concedió el título de César Imperator. Pero tras enfermar su padre, el carácter de aquel adorable chico cambió radicalmente.
 
Ya antes del inicio de su mandato al mando del Imperio romano, mostró su crueldad al ordenar a los médicos que apresurasen la muerte de su padre, Septimio Severo, tras resultar este herido en una batalla en Britania en el año 211.
 
Fastidiado de tener que compartir el poder con su hermano Geta, Caracalla le hizo asesinar, condenó a muerte a 20.000 ciudadanos sospechosos de ser partidarios de aquél y aplacó el mal humor de los soldados llenándoles los bolsillos de sestercios.
 
Como Calígula, el hijo de Severo fue conocido por el nombre de una prenda de vestir. Introdujo en Roma una larga capa de estilo galo y de nombre caracallus. En realidad, su nombre era Marco Aurelio Antonino.
 
Cada mañana, al levantarse, el peculiar dignatario quería un oso vivo para conservar los músculos en forma, se sentaba a la mesa con un tigre por comensal y se acostaba con un león durmiendo entre sus garras. Naturalmente con los dientes y uñas limadas (Historia de Roma; Indro Montanelli)
 
El nuevo emperador se negaba a recibir a los senadores que se agolpaban en su antesala, pero era cordial con sus soldados, a los que colmaba de favores. Caracalla disfrutaba de la vida militar y le gustaba que le vieran vestido con uniforme de soldado raso y usando un molino manual para moler su ración de grano hasta convertirla en harina, lo mismo que hacía el resto de los legionarios.
 
Mediante la Constitución Antoniniana, Caracalla extendió la ciudadanía a todos los varones del Imperio, pero solo para aumentar el importe de los impuestos de sucesión, al que solamente los ciudadanos estaban obligados. De política se ocupaba poco. Su verdadera pasión eran la guerra y los.
 
Bajo su gobierno se construyeron en Roma los enormes baños que llevan su nombre, que cubrían 33 acres. Un día se entusiasmó y quiso imitar a Alejandro Magno. Reclutó una falange armada y se dirigió a Persia; pero en los combates se olvidaba de ser general porque se divertía más haciendo de soldado raso y provocando al enemigo en luchas cuerpo a cuerpo.
 
Según el historiador Dión Casio, el emperador romano ordenó a sus soldados que saquearan Alejandría, la segunda ciudad del Imperio, por un delito trivial, y fueron muertas miles de personas, entre ellos niños, ancianos y enfermos (El Imperio Romano. Historia universal; Isaac Asimov)
 
Esos gestos y otros provocaron que, en el 217, Caracalla fuese apuñalado hasta la muerte por un jinete de su propia guardia, cuando se encaminaba a librar otra guerra contra Partia. Apenas tenía 31 años.
 
Tal vez no sea el más sanguinario, eso queda a su juicio, pero sin duda, otro rufián de la misma calaña que Calígula. Ambos emperadores han sido odiados y repudiados por su propio pueblo, hasta nuestros días, en los que hoy conocemos su historia.
 
Espero que hayáis disfrutado con este malhechor, un saludo.

 
Atentamente, F. Lirola.

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