5 mar. 2013

Un hombre piadoso con interés por los negocios



Fra Angelico: San Nicolás de Bari, 1437

En esta obra, hecha por Fra Angelico, observamos un pintura en la cuál se representa a San Nicolás realizando un milagro. El milagro, por supuesto, es su doble aparición en la misma escena. Hay incontables leyendas que rodean la vida de San Nicolás, patrón de los comerciantes y los marinos.

En la línea de los dioses antiguos
Cuando Fra Angelico realizó esta obra, San Nicolás era uno de los santos más populares, pero, sin embargo no estaba incluído en la Biblia. En la "leyenda áurea", una colección de leyendas del siglo XIII, se le atribuían a su persona más de una docena de milagros y actos piadosos. Sólo en Alemania, Holanda y Francia se calculan más de 2000 monumentos en su honor alrededor del año 1500.
Pero a pesar de todo, San Nicolás nunca fue reconocido oficialmente, es más, se cree casi con seguridad que nunca haya existido. Es por ello que se cree que se inventó un personaje que encarnaba a un santo que realizaba milagros. Este personaje se materializó en un obispo, Nicolás de Myra. La "Leyenda Áurea" cuenta que el obispo murió en el año 343, exactamente el día 6 de Diciembre, día de San Nicolás.
Para entender la relación entre este santo, el obispo Nicolás y la fecha del 6 de Diciembre, tenemos que saber que por aquella época, comenzaban las tormentas y el mal temporal en el mar mediterráneo. En la antigüedad, las gentes rezaban a Poseidón y Neptuno. Entonces es cuando entra en escena la figura del santo y del Obispo. La "Leyenda Áurea" cuenta que una de las travesías de los navíos, los cuáles hacían parada en Myra, puerto que estaba entre la ruta hacia Alejandría. En uno de esos viajes, un barco desamparado vagaba por los feroces mares del mediterráneo. Los marineros invocaron al santo, y este acudió en su ayuda. Empujó el barco hacia la costa y los condujo hacia el puerto de Myra, obrando así el milagro.






Que cada navío entregue cien medidas de trigo 
En la leyenda también se habla de la hambruna que arrasaba a la población y que en el puerto de Myra había atracados navíos con trigo que transportaban a otros puertos. San Nicolás "pidió a los marineros que salvaran a la población hambrienta, dándole tan sólo 100 medidas de trigo por cada barco". Los marinos alegaron: "Padre, no nos atrevemos a hacerlo, porque el grano se ha medido en Alejandría y debemos entregarlo en los graneros imperiales". San Nicolás les respondió: "Haced lo que os digo y os juro por el poder de Dios que no habréis de sufrir pérdida alguna ante el medidor del emperador". Y así sucedió. San Nicolás multiplicó el grano de los barcos y de la ciudad, consiguiendo el suficiente grano como para abastecer a los habitantes durante dos años, además de para sembrar.
El pan y los cereales guardan una estrecha relación con las leyendas de San Nicolás. Uno de sus atributos eran dos panes que eran arrojados por la borda del barco al levantarse la tormenta, con la esperanza de que las aguas se calmasen. En una época en la cuál el hambre estaba presente, San Nicolás se convirtió en uno de los santos que favorecían la prosperidad. No sólo era el patrón de los marinos, sino también de los comerciantes de trigo, sobre todo, de los transportistas, medidores, molineros, panaderos y fabricantes de cerveza. Protegía del robo y regalaba oro alas muchachas para que éstas se pudiesen casar. Al parecer, la iglesia estaba demasiado ocupada en sus asuntos del más allá y el ascetismo, por lo que necesitaba un santo que no despreciara demasiado la suerte material para atraer a sus ovejas.
                                                             A cuenta de Dios
Esta tabla también rinde homenaje a la navegación y el comercio. Observamos al capitán frente al santo, el cuál es del mismo tamaño, demostrando así que el santo es una figura terrenal, un compañero celestial del comerciante.
En este cuadro tiene gran importancia el comercio. Gracias a esta actividad, las ciudades-república obtuvieron muchísimo poder, como es el ejemplo de Florencia. Cósimo de Medici se convirtió en soberano político gracias a sus bancos y casa de cambio, aunque no lo demostrara públicamente. Al igual que los comerciantes florentinos, se vestía con un sencillo manto rojo y un gorro negro, al igual que el hombre arrodillado a la derecha en el grupo de orantes a bordo del barco.
Sin embargo, los comerciantes cristianos tenían problemas de conciencia. La Iglesia castigaba a los comerciantes por actos de avaricia. Para poder comulgar sus pecados, los comerciantes solían costear gastos eclesiásticos, costear construcciones cristianas, y realizar donaciones a la iglesia. Cósimo de Medici sufragó la construcción de iglesias, capillas y conventos, llegando a acoger al Papa Eugenio IV, quién tenía enemigos en Roma. En 1436 el Papa concede el permiso para restaurar un edificio en ruinas en Florencia, del cuál hizo un convento y se lo entregó a los dominicos de Fiesole. Y entre ellos se encontraba Guido di Pietro, más conocido como Fra Angelico.
Lo único que importa es la eternidad
 Una cadena montañosa separa los escenarios de ambas leyendas, mientras que el mar y el cielo los vuelve a unir. En la Edad Media era habitual representar varios acontecimientos en una misma escena. En esta obra podemos advertir el intento de penetrar en la dimensión espacial mediante la cadena montañosa que se eleva hacia el fondo, aunque Fra Angelico sólo recurre a las leyes de la perspectiva en raras ocasiones. Se pueden observar distintos puntos de vista, en el bauprés del barco central o en el velero de la izquierda. Los puntos de luz también salen desde distintos focos, apreciándose diferentes puntos de fugo en la montaña del fondo, y el primer plano, donde se encuentran los personajes.
Pero lo increíble, por inaudito que parezca, es que toda esta serie de antagonismos conjugados en una misma escena, crean, en un conjunto, una obra armoniosa, que para nada distorsiona la obra. Cómo dijo el biógrafo de artistas Vasari sobre las figuras de Fra Angelico, "son tan hermosas que parecen salidas del Paraíso".
Y sin más, aquí os dejo con esta nueva sección que espero, sinceramente, que os guste tanto cómo a mi. Un saludo a todos, gracias por leerme, un placer.
Atentamente, F. Lirola.



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