1 oct. 2014

El nacimiento del arte bizantino

Tras la caída del Imperio romano de Occidente, a fines del siglo V, fue desde Constantinopla, con el naciente arte bizantino, de donde provino la mayor parte de las novedades.

Durante el siglo VI y frente a un mundo occidental desorganizado, el Imperio romano de Oriente apareció como la principal fuerza política, especialmente durante el reinado de Justiniano (527 - 565). Obras y artistas llegaban de Occidente, en particular ciertos reinos bárbaros, como el Teodorico en Ravena. Una reconquista parcial de esa época contribuyó a la difusión de modelos lujosamente elaborados en la capital.

Abraham sacrificando a Isaac, 530 - 548, San Vital Ravena

Hacia la codificación de imágenes
San Vital, 530 - 548, Ravena
La estética desarrollada en Constantinopla durante la primera mitad del siglo VI constituyó la continuidad del arte imperial paleocristiano. Sin embargo, la tendencia a preferir imágenes simbólicas a las narrativas llegó a ser la regla en Oriente y la zona de influencia de Bizancio. En San Apolinario el Nuevo de Ravena, las figuras de cristo y de la virgen con el niño que se enfrentan al este aparecen en posición frontal sobre un fondo abstracto. No obstante, los personajes vestidos de carmesí conservan un modelado que sugiere volumen. Más tarde, tras la reconquista, los paneles que representaban al emperador y a la emperatriz Teodora en San Vital solían rechazar el realismo. Los personajes, alineados en primer plano, ya no tenían una existencia material, con excepción de ciertos rostros idealizados bastante parecidos entre sí. La imagen se convirtió en mensaje, lo que demostró la interdependencia político-religiosa.

La estructuración de los espacios litúrgicos
La arquitectura del santuario fue completada con una estructuración del suelo con desniveles y barreras de piedra: los canceles.

Santa Sofía, 532 - 537, Constantinopla
Delante del suelo elevado del ábside, donde se ubica el altar, se extiende un espacio rectangular llamado prebyterium o presbiterio, generalmente precedido por un estrado para la liturgia de la  palabra (solea) y de una segunda área cerrada para los cantores (schola) donde se levantan el o los pupitres de lectura (ambones). Elaborados programas iconográficos completan la especialización de los espacios. La organización interna de los edificios de culto anteriores al siglo VI es poco conocida, No obstante, varios ejemplos conservados (catedral de Parenzo, Eslovenia), o reconstruidos posteriormente, evidencian una gran estructuración de los espacios litúrgicos.

Santa Sofía y el triunfo de la bóveda
A partir del siglo VI, el sello de Oriente se reflejó en la construcción de edificios de planta centrada y bóvedas de cúpulas. Se erigieron construcciones poligonales (San Sergio y San Baco, en Constantinopla, y San Vital, en Ravena) sobre las tumbas santas o reliquias inspiradas en mausoleos, o martyria, y adaptadas a las necesidades del culto. El núcleo octogonal estaba coronado por una cúpula de ocho lados.

Catedral de Parenzo, hacia 550, Eslovenia
Los costados inferiores estaban rematados por una tribuna e interrumpidos por el tramo recto de la nave del coro que precede al ábside. Santa Sofía de Constantinopla fue concebida sobre esta base. Sin embargo, debido a su función de catedral, la estructura centrada se inscribió en un plano basilical. A partir de esta fórmula nació la iglesia con hilera de cúpulas, como la de San Juan de Éfeso (terminada hacia 565), solución que se retomó a finales del siglo XI en San Marcos, en Venecia. No obstante, las sencillas basílicas con techumbre de madera siguieron siendo las más numerosas, tanto en Occidente como en Oriente.

Un placer compartir con todos ustedes, un saludo.

Atte., 



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