3 oct. 2013

Los Celtas, esa cultura tan distanciada

Los celtas eran pueblos nómadas que vivían en Europa, en regiones alejadas del Mediterráneo y que tenían una lengua y una cultura comunes. El arte celta se expresaba con originalidad y tenía su propia identidad; la imaginación y la estilización prevalecían en los objetos que fabricaban para sus ritos o para el uso cotidiano.

La presencia de los celtas en Europa, y es en Irlanda dónde hoy
día quedan resquicios de aquella cultura.
Bárbaros es como fueron llamados durante los primeros siglos de nuestra era. Griegos, y después Romanos ,calificaron con esta palabra a las civilizaciones del Norte de Europa. Para ellos, todos aquellos que no fueran de su civilización, recibían el nombre de Bárbaro. Los celtas aparecen en la historia durante la segunda edad del hierro, en el siglo VI a. C., en una amplia zona al norte europeo que comprendía Francia, Bélgica, Alemania, Suiza, Austria y Hungría. Después se instalaron, temporalmente, en el norte de Italia, la península Ibérica, en Europa central y en las islas Británicas. 

Cabeza bicéfala, Santuario de Roquepertuse (Entre V y II a. C.)
Los testimonios escritos apenas tienen presencia en nuestros días, habiéndose perdido demasiados en el tiempo, por eso esta cultura ha sido comprendida precisamente por eso, su cultura. Los descubrimientos arqueológico y artísticos han abierto muchas puertas y despejado numerosas dudas acerca de esta civilización. Sobre todo, lo que más información ha aportado han sido las tumbas y en material hallado en ellas, ya que las casas y los santuarios estaban construidos en madera. En los alrededores de Marsella, en Roquepertuse y Entremont, se han encontrado algunos santuarios de piedra, lo más probable de influencia helena. En las turberas del norte de Europa se han descubierto gran número de objetos que probable es que fueran ofrendas votivas y que correspondían a las costumbres de los celtas. Ya en el siglo I d. C. la cultura celta se fusionó con la romana.


Cernuno, el señor de los animales.
Detalle de una placa interior del caldero de Gundestrup.
El arte celta se caracterizó por su valor simbólico y su función ornamental. Pero dentro de este místico simbolismo, aún no se consigue comprender con suficiente claridad. No por ello quiere decir que este arte fuera ilusorio, ni mucho menos. Se inspiraba en la naturaleza, elemento muy importante en la cultura celta, pero también la deformaba abstractamente, dotando gran importancia a las curvas y las espirales, como el motivo del tricelo o triskel, la triple espiral, que estaba presente constantemente en las representaciones artísticas y la magia celta, que juega con la conexión entre la mente, el cuerpo y el alma.
El arte celta se manifestaba a través de la metalurgia y la orfebrería, no fuer hasta hasta el periodo romano cuando la piedra comenzara a tomar importancia.  La figura humana no tenía peso, pero el rostro si, que eran similares a máscaras. Se creen que eran cabezas cortadas, debido a la información que aportan los documentos de Julio César y el estado de los esqueletos descubiertos, con huellas de corte.

Carro en bronce de Mérida.
El rostro recibió mayor importancia con el tiempo; entre los siglos V y I a. C., aparecen frecuentemente 2 rostros pegados, e incluso tres, sin poder asociarse aún a algún ritual religioso o algo parecido. Por tanto, el saber sobre su religión es bastante fragmentario. Cernuno es uno de los pocos dioses que ha podido identificarse como tal, situado en el norte de la Galia. El gran interés que existe en esta cultura por los animales y la naturaleza nos lleva a pensar que éstos pertenecían a una mitología compleja. Tras la integración de los celtas en las culturas del sur de Europa, el arte también sufrió un cambio, adaptándose a los ya existentes en estas zonas. Uno de los ejemplos más notables; el arte Ibérico.

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