13 mar 2015

El cortejo de Teodora


INTRODUCCIÓN HISTÓRICA


Tanto como la obra de hoy como el personaje que representa el centro de la misma está estrechamente ligado a Justiniano y su cortejo. El personaje que hoy nos ocupa es Teodora, la emperatriz y por tanto esposa del emperador Justiniano.

Imagen de Teodora
Teodora nació en el año 500 d. C., y sin saber a ciencia cierta donde nació, las especulaciones sobre su vida anterior a conocer al emperador Justiniano son tan turbias como su lugar de nacimiento. Se habla desde prostituta, hasta actriz (un trabajo que en aquella época estaba ligado también a la prostitución). Sea como sea, Teodora fraguó una gran amistad con Antonina, la esposa del general Belisario (mano derecha de Justiniano), y a partir de entonces fue poco a poco introduciéndose en el círculo de Justiniano.

Tras varios años y viajes, Teodora se estableció en Constantinopla como hilandera, oficio que desempeñó con extrovertida gracia. Allí Justiniano fue quedando prendado de ella, pero el enlace que quisiera el emperador no podía ser debido a una ley que prohibía el matrimonio entre actores y actrices con miembros gubernamentales. A la muerte de Eufemia, la esposa del emperador Justino I (tío a su vez de Justiniano), éste decidió abolir dicha ley y apoyó el enlace entre Justiniano y Teodora.
La emperatriz murió joven (548 d. C.), a la edad de 48 años, y por lo que se sabe fue de cáncer de mama. Se conoce que Justiniano lloró amarga y desconsoladamente durante su funeral. Fue enterrada en la iglesia de los Santos Apóstoles, hoy desaparecida.

Por tanto, Teodora no llegó a contemplar su propio mosaico, que fue terminado poco después. La obra guarda gran similitud con el mosaico de su cónyuge, compartiendo numerosas características. Está situada en el presbiterio, concretamente el muro frente al Cortejo de Justiniano.

Al igual que su marido, Teodora también es santa en la iglesia ortodoxa, siendo el 14 de Noviembre su día señalado.

EL MOSAICO: CORTEJO DE TEODORA


Mosaico de el cortejo de Teodora

Cómo ya sabremos, se trata de un mosaico, y está situado en el presbiterio de la iglesia de San Vital de Rávena (Italia), frente al cortejo de Justiniano.

PRESENTACIÓN DE LA OBRA



Al igual que en cortejo de Justiniano, en la imagen la emperatriz aparece en el centro de la imagen completamente engalanada, con túnica púrpura (símbolo de la realeza), joyas y una corona

decorada excesivamente, es rematada por una aureola, al igual que su esposo. Se nos presenta en actitud 
oferente, portando un cáliz, en dirección al ábside donde se encuentra Cristo. A la derecha (su izquierda) podemos ver a dos 
mujeres con trajes similares, estas dos son la mujer de Belisario (Antonia) y su hija (Juana). Y junto a ellas varias mujeres con ropajes no tan elegantes, estas son las doncellas.


Teodora ofreciendo el cáliz

Mientras que a la izquierda (derecha de Teodora) nos encontramos con varios miembros de la corte (se cree que son eunucos), con túnicas y un pequeño manto de color púrpura indicando que pertenecen a la corte. Uno de ellos nos abre una cortina dejando a la vista una pequeña fuente tras una puerta, sobre un pedestal grecolatino. La cercanía de los personajes a la emperador denota la relación más o menos importante con ésta (al igual que sucede con el emperador Justiniano).




A diferencia del fondo dorado, en esta imagen vemos un fondo arquitectónico, que centra la atención sobre la emperatriz Teodora, al tener sobre ella una cúpula 
venérea. La imagen también está enmarcada en una cenefa 
ricamente decorada, y flanqueada por dos columnas de capiteles 
corintios.



A diferencia que el cortejo de Justiniano, en este no se aprecia un nivel de detallismo tan elevado a excepción de la emperatriz, representada cuidadosamente. La minuciosidad y el trato de las teselas para crear el tocado de la emperatriz están muy conseguido, habiendo combinado el autor la posición de las teselas.

CARACTERÍSTICAS DE LA OBRA


La similitud de la obra con el mosaico de Justiniano es importante, aunque ciertos detalles nos dan pistas que nos hacen pensar que no son del mismo autor. Nos encontramos con varias figuras hieráticas, con la mirada fija, perdida en el tiempo, y sin expresión. Como hemos dicho, destaca sobre todas el realismo de la emperatriz, que se encuentra justo en el centro de la imagen, dando lugar al eje simétrico que rige el mosaico, una simetría que también se da en el cortejo de Justiniano.

Antonia, esposa del general Belisario
Las figuras son representadas rígidas y de cara, (frontalismo), y como ocurre en el otro mosaico, se cumple la característica de la isocefálea (las cabezas de los personajes están al mismo nivel).

Destaca la riqueza de los ropajes, sobre todo en el de la emperatriz, representado con todo lujo de detalles y que junto con la corona indican que es la emperatriz el centro de la imagen y la que está por encima de todos, por tanto hay una clara jerarquización de los personajes. Además, la aureola nos indica el poder divino de la emperatriz, el cuál comparte con su esposo.

La imagen está un tanto sobrecargada, con apenas espacio para otros elementos, dándose así el horror vacui. Aunque podemos decir que la ausencia de perspectiva y profundidad es clara, no es del todo correcto. En esta imagen destaca, además de Teodora, el miembro de la corte que abre la cortina que nos deja ver la fuente. Aquí el autor ha intentado claramente crear un efecto de profundidad situando la fuente en una sala contigua como si pudiésemos mirar hacia adentro, aunque no con mucho acierto, pero es muy interesante esta característica ya en un periodo tan marcado y delimitado artísticamente como es el bizantino. Para ello, el autor se ha valido de dos puntos de vista, uno en la fuente que nos muestra el contenido (como ya hacían los egipcios) y otro en el fuste.

A nivel general, percibimos que las figuras en sí forman un bloque compacto que se rige por las líneas verticales, influencia claramente oriental, recordándonos al arte egipcio.

INTERPRETACIÓN DE LA OBRA


La simbología es una característica típica del arte bizantino, y tanto en este como en el cortejo de Justiniano es muy notoria. En esta obra no hay tanta variedad de clase social, ya que casi todos los miembros son de la corte, por esto la riqueza de los ropajes en los personajes.

La fuente que nos recuerda a una pila bautismal
La mezcla de influencias de oriente y occidente es también palpable en esta obra, pero como ya hemos dicho antes, se cree que pudo ser un autor diferente el que realizara esta obra. El detallismo en los ropajes y el tocado de Teodora, el color más vivo e intenso, la implementación de un fondo arquitectónico a diferencia del dorado o la cúpula venérea sobre la cabeza de Teodora demuestra que pudo ser otro autor el que realizara la obra.

Una vez más, Teodora representa el poder terrenal (corona) y el poder espiritual (aureola), transmitiendo la idea del poder divino de los emperadores. Por otro lado, la representación de la fuente es una clara alegoría al bautismo, queriendo así mostrarnos el autor la fuente como si fuera "la fuente de la vida".

Destaca un detalle en la vestimenta de Teodora, donde a la altura de los pies podemos ver a tres figuras, que nos recuerdan a los tres reyes magos que aparecen representados en uno de los mosaicos de San Apolinar.

Al igual que en el cortejo de Justiniano, hay cierta similitud con los relieves procesionales del Ara Pacis de Augusto.

Esta obra la encontramos en el presbiterio de la iglesia de San Vital de Rávena, en el muro frente al mosaico de Justiniano.

5 mar 2015

El cortejo de Justiniano


INTRODUCCIÓN HISTÓRICA

Para entender el significado del mosaico de El Cortejo de Justiniano debemos saber antes un poco sobre la historia de este emperador y su relación con la iglesia en la que se encuentra dicho mosaico. Justiniano I el Grande nació en Tauresium, una pequeña villa romana que se encuentra en la actual Macedonia, el 11 de Mayo de 483. Su coronación se produjo el 1 de Agosto de 527, y reinó hasta su muerte, el 13 de Noviembre del años 565 en Constantinopla. Con una fuerte convicción en sus ideas y gran ímpetu en su misión de restaurar el imperio romano, se le llegó a atribuir la etiqueta del "último de los romanos", logrando conquistar grandes territorios y recuperar zonas perdidas décadas atrás ante otros invasores.
Justiniano junto a Belisario (izquierda) Argentario y
Maximiano (ambos a la derecha en el orden mencionados)

Además, fue el último emperador que usó el latín como lengua materna, que junto con el apoyo incondicional al arte, marcó un hito en la época de la antigüedad tardía. Obra suya es la basílica de Constantinopla, 'Santa Sofía', que supone uno de los mejores ejemplos de arquitectura conservados a día de hoy. Su historia y los logros al frente de un imperio romano que se desmoronaba por momentos hicieron que con el tiempo fuera venerado como Santo por la iglesia Ortodoxa.

Entre sus conquistas, destacaremos la de Rávena (la que hoy nos atañe por la ubicación del mosaico), llevada a cabo por su general Belisario, quien además reconquistó un núcleo tan importante como Roma. Fue en esta ciudad dónde se construyó la iglesia de San Vital de Rávena, y posteriormente decorado con numerosos mosaicos, entre ellos el cortejo de Justiniano.

La iglesia fue consagrada en el año 547 por el arzobispo de la ciudad, Maximiano. Este personaje influyó de sobremanera en la ciudad de Rávena y la Italia del siglo VI, y junto con Belisario aparece representado en el mosaico junto al emperador Justiniano, denotando la importancia de estos tanto para el emperador como para la iglesia de Rávena.



EL MOSAICO: CORTEJO DE JUSTINIANO

Mosaico de El cortejo de Justiniano

Centrándonos en la obra de esta entrada, el cortejo de Justiniano, aclarar que ésta se encuentra dentro del presbiterio de la iglesia de San Vital de Rávena, en Rávena (Italia). Cómo hemos dicho, se trata de un mosaico, es decir, una obra pictórica a base de teselas de color de diferentes formas y tamaños formando una imagen.


PRESENTACIÓN DE LA OBRA

En el centro de la imagen se nos presenta una figura vestida con una ancha túnica morada o púrpura, calzado rojo y un tocado real (corona) enmarcado en una aureola, lo que nos indica que es el emperador Justiniano. El emperador lleva en sus manos una patena (pan eucarístico).


Los soldados (a la izquierda del
mosaico)
A la derecha (su izquierda) podemos observar a un miembro de la iglesia con una cruz en la mano, éste es Maximiano, lo sabemos porque además de su vestimenta, sobre el podemos leer Maximianus, su nombre en latín, apoyándose en este caso en la escritura para transmitir un dato al espectador. Entre éste y Justiniano, podemos ver tras ellos a otro personaje, Juliano Argentario, que hoy sabemos que fue un banquero que ayudó con la financiación para la construcción de la obra. A la derecha de Maximiano (su izquierda) hay dos personajes más que pertenecen al clero, los cuáles portan un misal (evangelio) y un incensiario. Todos estos elementos que portan los personajes (por tanto, podemos decir que se encuentran en actitud oferente) son característicos de la preparación de la misa.

A la izquierda (la derecha del emperador) vemos junto a él un personaje con una vestimenta diferente a la suya y la del clero. Se trata de Belisario, el general que conquistó Rávena. A la izquierda del mismo podemos ver a un funcionario con vestimenta similar, y finalmente, en el borde izquierda de la imagen podemos ver a varios soldados vestidos como tales, portando un escudo con el símbolo del crismón, símbolo de Cristo, lo que da a entender al espectador que el emperador y su ejército tenían una fuerte orientación religiosa. Podemos ver a varios soldados, unos sobrepuestos delante de otros, dando esa sensación de numerosidad y de que el ejército del emperador era incontable.

Como podemos ver, la imagen ha sido dividida en tres segmentos definidos por los personajes que hay en ella; a la izquierda el ejército, en el centro el gobierno y la administración, y a la derecha la iglesia. Esta diferenciación está tan clara debido a la variedad de trajes, que junto con el detallismo que muestra la imagen, nos ofrecen de una forma clara y concisa el significado de cada elemento y su posición dentro de la distribución del mosaico.

La escena está enmarcada en una cenefa ricamente decorada, flanqueada por dos columnas con capiteles corintios.



CARACTERÍSTICAS DE LA OBRA

En la obra se dan varias características propias del arte bizantino, siendo esta uno de los mejores ejemplos que existen de mosaico bizantino, ya que se ha conservado a pesar de la crisis iconoclasta que tuvo lugar en la época, y la invasión otomana posterior, que arrasaba con todo a su paso y destruyó muchas de las obras bizantinas que existieron en aquel momento.
El clero (a la derecha del mosaico)

En primer lugar, debemos destacar el gran cromatismo que se ha empleado, esto es gracias al uso de teselas de diferentes colores, aportando a la imagen colores vivos. A su vez, el realismo de la obras es palpable en la minuciosidad de los detalles, representándose cada símbolo, objeto y gesto con gran cuidado.

La imagen parece sobrecargada, que ha sido rellenada con los personajes sin dejar hueco para nada más, a esto se le llama horror vaciu (del latín), miedo al vacío, es decir, el no querer dejar espacios en blanco, una característica que se ha venido dando ya desde la prehistoria y que se da también en esta obra. Además, el fondo de la imagen ha sido cromado en un color dorado muy del arte bizantino, creando esa atmósfera celestial que se buscaba tanto en este arte. La obra en sí está dotada de mucha simbología, algo que se daba con frecuencia en el mosaico bizantino.

Los personajes presentan cada uno sus propias características y rasgos, por lo que hay una clara individualización de caracteres, a su vez que también un marcado hieratismo en las figuras, herencia del arte egipcio. También se da una característica llamada isocefálea, la cual consiste (y cómo se puede contemplar en la obra) en que las cabezas de los personajes están todas a la misma altura y nivel, independientemente de la escala o plano en que estén representados. La influencia egipcia también puede notarse en la frontalidad de los personajes, todos con la mirada fija de frente hacia el espectador, dándose por consecuencia la ausencia de perspectiva y profundidad. Aun así la posición de los brazos y las manos dirigen la mirada del espectador hacia la cabecera del templo.

Como hemos dicho antes, la imagen está dividida en tres segmentos, pero también hay que resaltar la división de poderes que se aprecia. Por una lado, el poder terrenal (los soldados, funcionarios, generales), por otro lado, el poder divino (el arzobispo, los eclesiásticos), y finalmente, en el centro, la unión entre el poder terrenal y divino, el emperador. Es por esto la importancia y resaltado del emperador dentro del mosaico, representado con la vestimenta de la realeza, y como se puede ver sobre su cabeza, una aureola, a modo de santo, indicando la naturaleza divina del emperador y su poder.



INTERPRETACIÓN DE LA OBRA

Esta obra ofrece muchos puntos de interés que junto con la simbología que alberga lo hace una de las obras más interesantes de la Edad Media. Entre ellos, la dualidad entre elementos religiosos (cómo la cruz, la patena o el misal) y civiles (ejército, funcionarios, etc.). También destaca la mezcla de la glorificación imperial (rasgo típico del arte romano, especialmente la escultura) con la planitud de la obra y la disposición de sus personajes, proveniente de Oriente.

La jerarquización social está bien definida gracias a la representación de los trajes y el detallismo de los mismos, que reflejan con fidelidad las diferentes clases sociales. Un detalle curioso es el pie del emperador Justiniano sobre el del general Belisario, que parece pisar al de este. Probablemente la razón de este intencional pisotón sea la de señalar que fue Belisario el general que conquistó la ciudad de Rávena, dando ese protagonismo al que fue una de las manos derechas del emperador.

La escena nos recuerda, sobre todo por la disposición de los personajes, a una obra romana, el Ara Pacis y sus relieves procesionales, y es más que probable que ésta influyera en este mosaico.

Para finalizar, el presbiterio de la iglesia de San Vital de Rávena, dónde se encuentra este mosaico, contiene otros muchos e interesantes mosaicos (cómo el de "el cortejo de Teodora"). El presbiterio en sí, simboliza tres ideas fundamentales para los fieles;
  • La omnipresencia de Dios.
  • La presencia de su hijo en la tierra y su sacrificio.
  • El origen divino de los fieles.
Presbiterio de la iglesia de San Vital de Rávena. En el muro izquierdo
puede observarse el cortejo de Justiniano.

3 mar 2015

Venus de Milo


ORIGEN Y DESCUBRIMIENTO

Venus de Milo en el Louvre


La Venus de Milo es una de las estatuas clásicas más famosas de la historia, conocida en todo el mundo y descubierta en 1820. Si bien podremos pensar que su autor es Milo, estamos equivocados, Milo es la isla en la que se encontró (o también llamada Melos, del griego), situada en el mar Egeo. En dicha isla, un campesino llamado Yorgos Kendrotas la encontró semienterrada, cerca de esta también descubrió un fragmento de antebrazo, y una mano con una manzana. El campesino transportó lo que pudo de la escultura a su establo y la guareció ahí durante un tiempo. A partir de este punto, la historia es un tanto ambigua y desconcertante. Las versiones nacen por doquier, habiendo versiones oficiales, extraoficiales, más verosímiles o menos, la verdad es que esto dice mucho del valor tan inmenso de esta escultura, que ha despertado la admiración de todo el que la ve desde el primer día que se descubrió.

Torso de la Venus
Oficialmente, se considera que el descubridor contactó con un clérigo ortodoxo residente en Grecia, el cuál ante la delicada situación de aquellos tiempos (los acontecimientos se dieron durante la última etapa de la independencia de Grecia del imperio otomano), decidió llevar a cabo la operación con ayuda del oficial naval francés Jules Dumont D'Urville, quién supo reconocer en un primer instante el valor de la obra. Ante los imprevistos que empezaron a surgir, Dumont pidió el apoyo del embajador francés en Constantinopla, quienes lograron comprar la estatua de una forma aún no esclarecida del todo.

Otras versiones advierten que fueron los franceses quien se entrometieron en la compra con otros postores, y que en un "secuestro" de la estatua, los turcos intervinieron justo en el momento en que embarcaban. Tras una batalla entre ambos bandos y zarandeo de la estatua, ésta se cayó a la orilla de la playa y se cayeron los brazos, hecho del que no se percató Dumont hasta haber zarpado y dejado atrás la isla.

Fuera como fuese, extraoficialmente se cree que la compra de la Venus de Milo fue ilegal por varias causas, entre ellas porque se considera que la isla de Milos estaba bajo el yugo Otomano, también se apunta a que ésta fue enterrada por los turcos, y nadie sabía dónde se encontraba (a excepción de unos pocos), etc., conclusión: aún hoy en día se sigue discutiendo si la Venus de Milo debería ser devuelta a Turquía o no.



LA VENUS DE MILO


Periodo


La Venus de Milo finalmente se ha determinado que pertenece al período helenístico (se cree que se creó entre los años 130 – 100 a. C.), aunque se ha dudado de esto, creyéndose que puede pertenecer al siglo IV a. C. (época clásica) debido a algunas de las características que se dan en la escultura. En primer lugar, el cabello presenta una ordenación que nos recuerda a Praxíteles, así como el trabajo de los pliegues de la túnica (Fidias), que hacen pensar que la obra puede ser de una época anterior al Helenismo, aunque el naturalismo de la obra, la expresión serena del rostro y la sinuosa curvatura corporal, así como el dinamismo, hacen pensar que es más cercana al período helenístico. Se asocia esta obra con otra escultura de la diosa griega que se atribuye a Lisipo, la Afrodita de Capua, ya que se sabe casi con toda seguridad que se inspiró en dicha escultura.

Autoría


Realmente no se sabe nada a ciencia cierta sobre el autor debido a que se encontraron varias inscripciones con diferentes nombres en varios pedestales, aunque finalmente se atribuyó a Alejandro de Antioquía, por la relación de la inscripción con la escultura. Aun así, las especulaciones no han cesado, llegando incluso a atribuirse al propio Scopas, pero finalmente se descartó al no darse las características en la obra que diferencian al autor.


ANÁLISIS DE LA VENUS DE MILO


La escultura en sí es de bulto redondo, y representa a la diosa Afrodita (griega) o Venus (romana), la diosa de la belleza y el amor. Semidesnuda cubierta con una túnica desde la cintura hasta los pies, como ya hemos dicho antes, no tiene brazos, aunque se cree que con una mano sujetaba la túnica y la otra una manzana (símbolo de la isla de Milo), la del juicio de Paris.

Aunque se pensó que la escultura perteneciera al período clásico, dadas las características de esta obra, podremos comprobar que no es así. En primer lugar, la influencia de Praxíteles es palpable tanto en la ordenación del pelo (trabajado al trépano), como en la curvatura del cuerpo, formando esa famosa curva praxiteliana del maestro griego, además del trabajo de los pliegues de la túnica nos recuerdan de sobremanera a la técnica de paños mojados que empleaba Fidias, pero no por ello podemos hablar de una escultura del periodo clásico. Es interesante el contraste de la serenidad de la obra con los exagerados pliegues y el movimiento de la túnica (y a su vez crean un efecto de claroscuro), que dan esa sensación tosca en comparación con la suavidad del cuerpo de la diosa.
Tanto esta escultura, como las demás del periodo helenístico, rompen con la escultura clásica. En primer lugar, a diferencia de muchas esculturas clásicas, la Venus de Milo ofrece múltiples puntos de vista, está trabaja en su totalidad para ser admirada desde cualquier punto. Ya no quedan vestigios del período


arcaico y muchos menos de la escultura egipcia, que de alguna manera influyó en la escultura arcaica. Es decir, ya no se observa esa frontalidad tan marcada durante el periodo egipcio y la época arcaica en Grecia y esto se consigue con la disposición de la escultura.


La Venus tiene el pie izquierdo adelantado, lo que refuerza la orientación de la parte inferior del cuerpo hacia su derecha, mientras que en un elegante giro de cintura el torso se vuelve hacia la izquierda, culminando el movimiento en la cabeza de la diosa, que mira totalmente hacia la izquierda, serena y tranquila con la mirada perdida y absorta en la eternidad (característica clásica). Esta curvatura del cuerpo, que propicia el contrapposto característico del arte griego (impulsado por Policleto de Argos), junto con la elegancia en ese cambio de orientación del que hablamos, es lo que dotan de esa curva praxiteliana tan característica de Praxíteles. Además, el uso de esta característica dota a su vez de una mayor profundidad y un dinamismo impulsado por el desequilibrio que otorga el contrapposto a la escultura. Es todo este movimiento helicoidal lo que refleja la clara diferencia con la escultura clásica.

Espalda de la Venus de Milo
Como podemos ver, el realismo de la obra, gracias al movimiento del que está dotada, contrasta con la escultura clásica, por esto que en un simple análisis podemos vislumbrar su procedencia helenística. El cuerpo está esculpido con gran perfección, buscando el ideal de belleza de la época gracias al realismo físico. Los pechos son resaltados reflejando la importancia de estos ya que simbolizan la fertilidad y el amor, atributos de la diosa Afrodita. El trabajo y el hincapié en dotar de este realismo y belleza a la obra refleja la importancia que se daba a la representación de la diosa en la escultura griega.

La obra en sí conjuga varios elementos clásico durante el helenismo, o dicho de otra forma, es una escultura helenística en la que el autor emplea varías técnicas que recuerdan al periodo clásico, siendo un perfecto ejemplo de la conjugación de estilos e influencias que se dieron durante el periodo helenístico.

La obra está esculpida en mármol y en varios bloques, cuyas uniones entre si no son visibles. La escultura mide alrededor de 211 centímetros, siendo un tamaño algo superior al real. Actualmente la encontramos en el Museo del Louvre.